El sentido de la vida

Un encuentro con nuestra verdad

La Evolución de la Conciencia ha sido desde siempre la inquietud central de mi vida. Llevo más de 20 años dedicada a su investigación y el conocimiento que he adquirido en este tiempo es fruto de mis propias experiencias. Solo hablo de lo que he vivido y conozco, de lo que he podido constatar a través de todos mis trabajos. Desde siempre sentí la necesidad de ir más allá de la información académica recopilada en los libros, de traspasar el marco de investigación convencional, porque sus respuestas se me quedaban cortas, no me llenaban. Fue entonces cuando empecé a explorar el campo de posibilidades que me ofrecía el desarrollo de la percepción a la hora de desentrañar esos enigmas existenciales que todos nos hemos planteado alguna vez sobre quienes somos, qué hacemos aquí y cuál es el sentido de nuestra vida. Descubrí mucho más de lo que pensaba. Me di cuenta de que, si nos atrevemos, podemos ir en busca de nuestras propias respuestas y, finalmente, encontrarlas.

El deseo de compartir toda esta información fue el que me impulsó a elaborar el Programa de Evolución Consciente. No se trata de un curso más de crecimiento personal, es una brújula para el autodescubrimiento. Suelo decir que no es que estemos en crisis, sino que vivimos momentos críticos que requieren toda nuestra lucidez y coraje para producir esa renovación íntima tan necesaria. Es hora de tomar conciencia de quienes somos realmente, de identificar el origen de los miedos que no nos dejan avanzar, de liberarnos de todo el dolor, que es el lado perverso del sentir, de encontrarle pleno sentido a la vida.

El programa se desarrolla a través de diez talleres independientes que ya están organizados en un material de audio disponible para todos aquellos que necesiten profundizar en el conocimiento de sí mismos. Los temas son muy variados y abordan aspectos esenciales del ser humano. Aprender a estar bien con nosotros mismos, descubrir los talentos innatos, vencer el miedo a la muerte o transformar el sufrimiento en amor, son algunos de los contenidos que trataremos.

En realidad, los seminarios son espacios de encuentro con uno mismo, un cara a cara íntimo. Se complementan con sencillas prácticas energéticas que permiten a los participantes vivenciar su propia experiencia del tema debatido. Es un trabajo muy práctico, porque está centrado en el presente, en evolucionar en tiempo real y, a la vez, es tremendamente contundente, ya que supone entrar de lleno en la realidad de lo sutil.

La vida está llena de sutilezas que pasamos por alto o banalizamos. Sin embargo, son esas sutilezas las que nos hacen reflexionar y ponernos a prueba. En estos tiempos de incertidumbre que vivimos, es más importante que nunca hacer aflorar ese lado delicado de nosotros mismos, a nivel de pensamientos, de emociones y sensaciones. Es nuestro aliado más valioso, el que nos da las claves para superar los miedos y volver a confiar en la vida. Tenemos que recuperar esa delicadeza que nos humaniza y glorifica, que nos permite sentir toda la belleza que nos rodea. Por eso, el principal objetivo de este curso es propiciar el florecimiento de la sensibilidad a través del conocimiento profundo de nosotros mismos.

Atreverse a sentir

La vida consciente es para valientes. Requiere quitarse la armadura, estar dispuesto a conocerse, atreverse a nadar en aguas profundas para hallar las respuestas que están dentro de nosotros mismos y afloran a nuestra conciencia. Paradójicamente, en un intento fallido de evitar el dolor, nos hemos ido endureciendo cada vez más. Hemos bloqueado nuestra sensibilidad, cuando lo que más sufrimiento nos causa es, precisamente, desconectarnos de ella.

El trabajo de autoconocimiento requiere todo nuestro coraje y sinceridad para producir esa renovación interior que nos permite evolucionar, ser más coherentes con nuestra esencia y con nuestros actos. Es imprescindible tomarse tiempo para reflexionar en profundidad acerca de quiénes somos, en qué momento de nuestra evolución estamos y de qué manera podemos acceder a una visión global, más actualizada y real de nosotros mismos. Solo así podremos afrontar los desafíos que nos plantea la vida.

Los grandes enigmas existenciales

¿Quién soy?, ¿qué hago aquí?, ¿qué sentido tiene mi vida?, ¿por qué no puedo ser feliz?, ¿por qué tengo miedo?, ¿por qué enfermamos?, ¿qué ocurre después de la muerte? Esas preguntas que se hace todo buscador de la verdad son las que centran el debate de los seminarios y a las que cada uno podrá ir dando respuesta a lo largo del mismo. La finalidad de este trabajo es tomar conciencia de la naturaleza de nuestros miedos para trascenderlos, adentrarnos en nuestro dolor esencial para liberarlo, conocer nuestros talentos y apoyarnos en ellos. En suma, ofrecer al mundo lo mejor de nosotros mismos y para lograrlo tenemos que ser los promotores de nuestro propio cambio. Debemos equilibrarnos, drenar todo el material denso que hemos acumulado a lo largo de la vida: los miedos, el sufrimiento, los parámetros de referencia que oscurecen y empobrecen nuestro mundo afectivo.

Nadie muere, la vida continua

La muerte es, sin duda, el miedo raíz del ser humano, el que alimenta todas sus inseguridades y temores. Vivimos de espaldas a la muerte, perdiendo el sentido natural del fin de la existencia y de la continuidad multidimensional de la Conciencia. Prepararse para afrontar la muerte es todavía una asignatura pendiente que llena de incertidumbre a millones de personas. El pánico a desaparecer, a dejar de ser uno mismo, se contrarresta mediante el desarrollo consciente de nuestra propia trascendencia. Solo entonces podemos disipar la angustia existencial de perder la identidad. La muerte es un umbral evolutivo de transformación que nos conduce a la vida multidimensional y a las infinitas posibilidades de evolución de la Conciencia. Es el reto más importante que el ser humano debe acometer en su vida.

La muerte lúcida, despojada de todo dramatismo, es la consecuencia natural de encontrar sentido a la vida, de haber perdido todos los miedos y transformado las creencias en conocimiento directo. Cuando superamos el miedo a morir, porque entendemos cómo está organizado el Universo y qué ocurre cuando abandonamos el cuerpo, empezamos a comprender nuestra naturaleza trascendente y a vivir con plena conciencia.

El estrés como propulsor del cambio

El mundo material en el que vivimos nos permite acotar la realidad. Cuando ponemos algo en marcha, por la propia inercia de la materia, termina acomodándose y generando una rutina que nos atrapa.

Adquirir plena conciencia de esta inercia es la única solución para poder romper esa rutina que nos mantiene anclados a ciertas situaciones. En cuanto nos acomodamos, perdemos la oportunidad de evolucionar, de modificar lo que no nos gusta. Necesitamos empezar a movernos con la energía y el entusiasmo suficiente para generar esa trasformación. Dejar de vivir las situaciones de estrés y cambio desde el miedo y el sufrimiento. Aprender a aprovechar el estrés para impulsar nuestras acciones y acometer los desafíos de la vida.

La resistencia a cambiar frena esa energía tremendamente dinámica que es el estrés, que al no haber sido utilizada, vuelve a nosotros y se somatiza. La conclusión es evidente: la resistencia al cambio nos enferma.

La transformación permanente es el pulso de la vida, el motor de la evolución. De hecho, la tierra nunca estuvo tan poblada, no ha dispuesto de la enorme cantidad de energía que hay en este momento. ¡Siete mil millones de seres humanos emitiendo energía! Si nos pusiéramos todos de acuerdo podríamos materializar ya los cambios que queremos ver, sin conflictos, sin guerras, sin sufrimiento. Y lo podríamos hacer casi de un día para otro. Está claro que esto es una utopía, porque cada persona va cambiando según su grado de evolución. Es obvio que la llegada de la nueva Conciencia, de la que tanto se habla últimamente, se producirá gradualmente y no en una fecha exacta del calendario, como han llegado a decir.

El cambio de Conciencia

Las nuevas generaciones de reemplazo que ya han venido a la Tierra y que nacerán masivamente en los próximos años, serán los principales propulsores del nuevo mundo. Su misión aquí ya no es la de aprender a través del dolor, porque no vienen a resolver sus conflictos. Son más puros, más abiertos que nosotros y tienen una gran facilidad para conectarse con la energía de Amar.

El enfrentamiento, la guerra, la confrontación ya no tienen sentido para ellos. Dentro de 20 o 30 años irán ocupando lugares de poder en política, en finanzas, en escuelas y universidades, en hospitales, en instituciones públicas...

Nuestros centros de vida se van a ir transformando porque estarán liderados por seres verdaderamente conscientes y amorosos. Ellos nos abrirán caminos más transparentes, más coherentes y positivos. Establecerán nuevos modos de vida, modelos de conducta más éticos que los que imperan actualmente. Hemos padecido un liderazgo tan enfermo y manipulador, que este cambio de dirección que se va a producir en un futuro bastante inmediato, provocará grandes transformaciones en la humanidad. Cerraremos por fin el ciclo de aprender a través del sufrimiento. Podremos vivir sin enfrentamientos y sin violencia, generaremos nuevos recursos más respetuosos con el planeta... Será un cambio de tal magnitud en la historia de la humanidad que ni siquiera somos capaces de imaginar.

Hasta ahora hemos vivido una evolución gradual en cuanto a calidad de vida, avances tecnológicos y científicos. Realmente conseguimos muchos logros, pero no ha habido ningún cambio a nivel de conciencia. Cuando por fin empecemos a incorporar en nosotros la energía de amar, podremos decir con total certeza que hemos cambiado el mundo.

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