Lo femenino y la energía de amar

Lo femenino constituye un universo complejo e incomprensible aún para la mujer, ya que no se llega a él desde la razón.Hay que sumergirse en su interior, fundirse y disolverse en su seno hasta resurgir investidos de esta sabiduría sin complejos, con confianza y poder.

Por eso lo femenino asusta y produce recelo, por lo que ha sido históricamente tan perseguido por la fuerza bruta. Aunque también cabe reseñar que ha cosechado grandes victorias, y podemos reconocer en la figura de Gandhi y en su acción no violenta, toda la potencia amorosa de la energía de lo femenino.

La vibración del miedo y el sufrimiento son los grandes pilares que sustentan desde hace milenios la realidad actual planetaria y que siguen dificultando la implantación de un nuevo paradigma integrador de las fuerzas vitales de lo femenino y lo masculino.

Desafortunadamente, el hombre y la mujer no han terminado de concebirse como seres totales, como partes esenciales de una misma especie, la humana. Aun no ha concluido este proceso evolutivo de separación en dos especies diferentes, cuando es tiempo ya, de concebirse como conciencias interactuando desde distintas corporalidades, en diversas experiencias humanas para evolucionar al unísono. La lucha, el enfrentamiento, la competitividad, la separación, impiden que el hombre y la mujer integren la fuerza de la energía de amar en sí mismos y del uno hacia el otro.

La lucha de géneros sigue siendo la mayor fuente de desgaste energético, social y personal, cuando paradójicamente, la integración de los valores femeninos y masculinos tiene como finalidad el mejor conocimiento de uno mismo. De hecho somos unidad, aunque en la Tierra parezca que somos dos.

Los rígidos conceptos acerca de la imposibilidad de que el hombre y la mujer puedan vivir la libertad de amar con lucidez, permanecen fuertemente arraigados en el ser y en el seno de nuestras culturas. De nosotros depende, la instalación de patrones más sanos e integradores en las relaciones de género, que nos lleven a terminar con las viejas y caducas estructuras culturales.

El hecho de nacer mujer no supone que la persona sea plenamente consciente de lo femenino, también lo tiene que descubrir, máxime en los momentos actuales donde la mujer se está ganando otro lugar en el mundo y otro reconocimiento social y cultural. Y para ello, en nuestras sociedades occidentales, la mujer está recurriendo al componente masculino de su naturaleza, identificándose con los valores más externos e incisivos de su energía masculina, emulando una actuación históricamente dominante como única herramienta de autoafirmación, tal vez, porque el desconocimiento de la potencia de lo femenino no le permite por el momento actuar desde ahí plenamente.

Esta energía femenina también está presente en la masculinidad y siempre es hermosa de apreciar porque otorga la profundidad, la sensibilidad y la ternura en el hombre.El proceso de integración de lo femenino no es una utopía, conduce inexorablemente a la energía del amor lúcido, origen del cambio de conciencia y motor por tanto de la evolución humana.

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