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Los grandes dispositivos iniciados y sostenidos con nuestra aportación lúcida desde la Tierra están en marcha y sin retorno para erradicar el efecto residual de la malignidad y, principalmente, para dar acogida a las generaciones de reemplazo que ya están aquí y que seguirán viniendo masivamente en las próximas décadas. Vienen con proyectos de vida que todavía no encajan en los moldes actuales, porque queda por hacer una transformación interna en los humanos que sea evidente en la forma de convivencia.

 

El humano tiene que dejar de ser el peor enemigo del humano.

Las nuevas generaciones empezaron a acercarse a las puertas de la Tierra hace unas pocas décadas. Son poblaciones de seres que vienen a abrir nuevos archivos de convivencia y a tener experiencias que no están vinculadas directamente con todo lo que se ha estado viviendo hasta ahora, en términos de polaridades muy extremas que separan peligrosamente a los hombres y las mujeres entre sí.

Han estado observando durante años, desde dimensiones extra planetarias y sin interferencia alguna en el libre albedrío de las masas, la forma en que los humanos se relacionaban, resolvían sus conflictos, avanzaban en potenciar nuevos recursos en las áreas de comunicación, educación, nuevas tecnologías, aprovechamiento de recursos naturales, alimentación, ejercicio físico, uso del tiempo…

Las generaciones de reemplazo han inspirado avances y progresos en muchos órdenes de vida para poder dinamizar las cosas humanas y asegurarse un punto de anclaje.

 

Mucho de lo inspirado todavía no ha visto la luz, ha sido saboteado o impedido por los poderes vigentes y está larvado a la espera de ser impulsado.

Empezaron a venir unos pocos a partir de los años cincuenta del pasado siglo. Ya no traían esa energía de inmensa resistencia y aguante que ha forjado generaciones enteras, durante siglos, para sobrevivir a las peores guerras, hambrunas y esclavitud, pero que también siguen usando, sin querer, en su contra para resistirse con temor a los cambios definitivos.

Han podido ser controvertidos, malinterpretados, porque ya no respondían a la llamada del grupo, al sacrificio, a la inmolación. Sin embargo, las primeras cepas todavía traían el engarce del Trauma Nuclear© a terminar de resolver. Muchos se perdieron, nuevamente, en los vericuetos repetitivos del sufrimiento; muchos se apartaron directamente de todo, incapaces de encontrar su sitio o de adaptarse; muchos entraron en el sistema, muy a su pesar, con una fuerte carga de idealismo, y triunfaron o se hundieron. Una característica de esta primera leva es que siempre se preguntaron: «¿Qué pinto yo aquí?».

 

Pudieron ser grupos que iban y venían con mucha rapidez, estaban tomándole el pulso a los nuevos tiempos y, a veces, no duraban mucho encarnados. Hay que recordar que nacer en la Tierra tiene el peaje del olvido y ello facilita y dificulta la tarea, según se mire.

Las siguientes remesas se han caracterizado por vivir, más y más, de espaldas a una realidad que no era la suya. A riesgo de ser tomados por desinteresados, raros, se apoyaron cada vez más en las tecnologías y nuevos medios de relacionarse, porque se parecen más a su estilo de comunicación, directa, sintética, y como modo de preservarse frente a los abismos generacionales que tenían que encarar.

Corrieron el riesgo de aturdirse con drogodependencias, de evadirse a través de lo sensorial, de la música, y con todo aquello que enajena y trae ecos lejanos de mundos mejores que no pueden recordar. También sigue vigente en ellos el aguijón de qué he venido yo a hacer aquí. Aunque traen residuos de Trauma Nuclear© como forma de enlace con la energía del planeta, su resolución podría ser muy rápida si se dan los medios adecuados para ello. El riesgo que están corriendo es el de abandonarse en su propósito si no encuentran el modo de activar sus memorias y si no ven la luz al final del túnel.

Vienen preparados para llevar a cabo realidades que ni siquiera existen como formación educativa o profesional. No ha habido progreso en esa dirección, los adultos actuales no han preparado ningún territorio para ellos, así que andan vagando desangelados y reacios a introducirse en un sistema agotado, y vuelven a protagonizar rebeldías que tampoco les corresponden, porque no saben cómo contextualizar lo que les pasa en una sociedad que tampoco les escucha y solo da opción a reaccionar según los viejos patrones.

 

Y continúan naciendo, cada vez más refinados en sus pro- puestas, difíciles de catalogar y de entender, incluso, por los propios progenitores, que no saben muy bien qué hacer con ellos, y las escuelas, menos aún. Sus intereses, sus preguntas, sus conclusiones acerca de las cosas, tienen un cierto toque de trascendencia que nadie adivina de donde lo traen. Se interesan por cosas que sobrepasan su edad cronológica, se acoplan con rapidez a todo lo tecnológico, es como si su forma de aprender se facilitara de este modo. No encajan con los viejos métodos de enseñanza, son rápidos, traen otra velocidad para las cosas y chocan con la lentitud de un mundo que no ha hecho los deberes y que no sabe para dónde tirar. Su sistema nervioso central es muy sensible, traen muy activadas sus facultades extrasensoriales, más de lo que se atreven a compartir, y corren un serio riesgo de entrar en la catalogación psiquiátrica y la medicación para que se adapten al ritmo de todo el mundo y así el mundo no tenga que cambiar nada.

Con esto no estoy diciendo que todos los jóvenes y niños del momento presente traigan esta conciencia multidimensional de progreso para nuestro mundo, pero es nuestra responsabilidad abrirnos a esta realidad y darles acogida. Considero prioritario el planteamiento de nuevos modelos de educación que atiendan sus talentos y necesidades.

 

Y, principalmente, considero esencial la creación de espacios de recuperación de memorias, espacios de educación energética donde puedan conectarse con quiénes son, cuáles son sus proyectos de vida y cómo mantener abierta la conexión con su procedencia multidimensional.

 

Estas generaciones son muy adaptables, poco beligerantes, con otros recursos para gestionar el conflicto, y lo que más necesitan en este momento es saber que hay alguien en el mundo que habla su lenguaje, que los va a escuchar y que les va a dejar realizarse. A propósito de esto, siempre voy a recordar un relato que me contaron unos padres, hace unos años, en relación a su hijita de tres años. Acababan de traer a casa al hermanito recién nacido y la niña, muy insistentemente, les pidió que la dejaran a solas con su hermanito, que tenía que estar sola con él. Así lo hicieron, pero se procuraron una cámara que grabara lo que sucedía allí dentro. Y lo que ocurrió es que la niña se acercó a la cunita y, presa de desazón, hablaba y le decía al bebe: «Ahora me lo tienes que contar todo, porque a mí ya se me está olvidando».

 

CONSECUENCIAS EVOLUTIVAS ESPERADAS COMO RESULTADO DE LAS EVACUACIONES MASIVAS©

 

Esta llegada de conciencias va a ser profusa en las próximas décadas. Los grandes espacios próximos al planeta, que fueron quedando liberados como resultado de las Evacuaciones Masivas©, les han facilitado mucho su observación de lo que necesitan aportar a la Humanidad y a su propia evolución.

Esas plataformas han venido permitiendo la mayor vecindad con nuestros compañeros más evolucionados y con todas estas generaciones de seres listos para nacer en la Tierra. Es más, muchas de estas poblaciones, prontas a nacer, también están formadas de conciencias que despertaron recientemente en su periodo post mortem, como resultado de haber sido evacuadas, y ahora quieren volver con mayor lucidez para culminar su propósito.

Estemos receptivos a estos cambios generacionales desde nuestra propia transformación vibrando en la certeza interior de que la evolución avanza siempre a más y a mejor, hacia la plena adquisición de la energía de amar en la Tierra.

 

 

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Paloma Cabadas

 

El Juego de la Eternidad

 

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